Garzón y el agujero negro que devora asteroides

Hoy ha sido un día estresante para mi amígdala cerebral. Para desayunar, un café con absoluta división de opiniones en torno a la inhabilitación de Baltasar Garzón, que durante 11 años no podrá ejercer de superjuez o juez-estrella, tal y como le apodan en algunos medios internacionales. Poco después, se me atraganta la tostada cuando me entero por la revista Muy Interesante de que hay un agujero negro en el centro de la Vía Láctea que engulle los asteroides como si fueran galletitas saladas. Algo inquietante, sin duda, pero me alivia momentáneamente que algún medio de comunicación omita lo del juez-estrella y se fije más en el espacio exterior. Pasado un rato, vaso de agua mientras le echo un vistazo a la sentencia del Tribunal Supremo. Sinceramente, felicito a todo aquel no versado en leyes que se la haya leído entera. Y al que la entienda en todo su espesor, por favor, que me la explique, porque el asunto es tan difuso para mí como lo del agujero negro. Dios mediante, estoy convencido de que sobreviviremos a ambas noticias, porque la supervivencia es un concepto tan extraño como necesario. Igual que la justicia.

Recuerdo las dos primeras nociones con que golpearon mi amígdala cerebral cuando comencé en esto de juntar letras. La primera de ellas, que la objetividad no existe. Ahí es nada. El segundo y definitivo capón llegó durante lo que llamaban “Introducción a las Ciencias Jurídicas”: la justicia no existe. Según los expertos en la materia, la objetividad no existe porque, como decía un tal Heisenberg en su principio de incertidumbre, el observador, por el mero hecho de observar la realidad, la altera. Y aunque ustedes no lo crean, esto tiene mucho que ver con los agujeros negros y la física cuántica. Está claro que no es lo mismo el relato de una escaramuza en Afganistán contada por un marine que por un talibán. Pues con la justicia pasa lo mismo. Al parecer, lo que intentan las leyes es aproximarnos al ideal de justicia porque no existe una justicia única, hay tantas justicias como realidades y tantas leyes como longanizas.  Por eso un juez de Wisconsin no aplica la misma pena por el mismo delito a un ladrón que un magistrado de Valdeorras.

En estos profundos recuerdos me hallaba mediada la mañana cuando, de manera sorpresiva, me encuentro con otra noticia del Muy Interesante que desarma mi primera impresión sobre la importancia del agujero negro devorador de galletitas saladas: “Tu cerebro reacciona ante la injusticia.”  Entonces pienso: pues claro que reacciona, y mucho. Y caigo en la cuenta de que, en el fondo, en la revista no estaban pensando en la voracidad del oscuro agujero central de la Vía Láctea, sino en otro tipo de fenómeno cósmico en forma de superjuez. 

Sigo leyendo la noticia,  me fijo en la enojada chica con coletas que acompaña al artículo y pienso que al menos no han ilustrado la noticia con la imagen de Garzón. Eso hubiera sido demasiado cantoso. Continúo con la lectura y resulta que el dichoso estudio revela que las reacciones humanas ante las situaciones injustas se producen de manera automática debido a un aumento de la actividad de la amígdala cerebral, no de la corteza prefrontal y la ínsula, como afirmaban estudios anteriores. Acabáramos. Y encima el estudio lo ha publicado hoy mismo la revista  PLoS Biology, según aseguran en la revista Muy Interesante. Qué casualidad. Y como en el fondo tengo espíritu de periodista, busco el artículo original y, efectivamente, compruebo que fue publicado… el 3 de marzo de 2011. Aquí viene a cumplirse otra máxima del periodismo: No dejes que la realidad te estropee una buena noticia. O dicho de otra manera, mete esa noticia en la revista aunque sea con calzador.

Y creo que toda esta perorata viene a cuento porque, en este caso concreto, un juez es un interpretador de las leyes, es decir, un mero observador. Garzón ha sido inhabilitado porque, según el criterio unánime de los siete observadores del  Tribunal Supremo, no interpretó bien la ley y permitió escuchas que, aunque están permitidas en ciertos supuestos, vulneran un derecho fundamental como el que tiene un acusado de hablar en absoluto secreto con su abogado. Para más inri, el ahora ex juez difícilmente podrá recurrir esta sentencia ante el Tribunal Constitucional, ya que la vulneración del derecho fundamental por el que ha sido sancionado viene recogida en nuestra Constitución y de ahí la decisión de los jueces del Supremo. Siento profundamente que esto haya podido afectar a la sufrida amígdala cerebral del lector, pero siempre podemos llegar a la conclusión de que la teoría de Heisenberg es subjetivamente errónea.

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